Un punto fundamental que es bueno destacar es que –a diferencia de las letras del reggaetón y del trap de Estados Unidos y de ciertos países latinoamericanos– el trap argentino tiene muy poco de machista. Sus artistas son, en general, sub-25, una generación que ya viene mucho más deconstruida, donde la misoginia no tiene lugar. Las chicas, de hecho, son algunas de las representantes más fuertes del género y, lejos de presentarse como un objeto de deseo, se plantan fuerte en el escenario a cantar su parte.
Bravo, entonces, por esta nueva movida que no deja a nadie afuera y rompe con ciertas estructuras anacrónicas.
Las colaboraciones entre ellos también son parte del secreto del éxito. Los artistas más exitosos se juntan entre ellos para producir canciones juntos y sumar reproducciones. Otro de los secretos del trap argentino es precisamente esa hermandad: también hacen colaboraciones con artistas que están empezando en el mundo musical para darles un empujón. El autotune y la referencia de productores como Omar Varela o Orodembow son claves para generar el éxito que han alcanzado en pocos años de vida. No piensan en el futuro: el presente es su única preocupación. No pretenden hacer música, sino llegar hasta lo más alto del éxito.

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